Bibliotecas y editores están de acuerdo en que se debe llegar a acuerdos satisfactorios para ambas partes en lo que al préstamo de libros electrónicos en las bibliotecas se refiere. No se trata de una tarea sencilla, puesto que no existen datos que avalen cuál es el modelo que acabará teniendo éxito y porque los intereses en juego son muchos (Véase la referencia al tema en este mismo blog).
El préstamo de libros electrónicos por parte de las bibliotecas, que es entendido en ocasiones como un riesgo para los editores, puesto que es gratuito, se prevé que tendrá un cierto éxito. Sin embargo, lejos de suponer una amenaza, las bibliotecas son un aliado de la industria editorial. Los datos de Pew Internet sobre las bibliotecas estadounidenses son muy esclarecedores en este sentido, porque demuestran que los lectores prefieren comprar libros a tomarlos en préstamo, incluso en el caso del libro electrónico, y que los prestatarios de eBooks también compran. La compra sigue siendo la principal forma de acceso al libro, según los datos de este estudio, incluso ente quienes toman en préstamo eBooks desde las bibliotecas: el 41 por ciento de estos usuarios declaró haber comprado el último libro leído.
Estos datos vienen avalados también por un estudio reciente patrocinado por OverDrive y la American Library Association, en el que se encuestó a más de 75.000 usuarios de bibliotecas públicas (Véase Lectura Lab). Los datos recogidos indican que las bibliotecas ejercen como escaparate para el libro electrónico y juegan un importante papel en las decisiones de compra de los usuarios de bibliotecas. Estos son compradores de libros, además de prestatariaos, y más de un tercio reconoció haber comprado un libro electrónico después de tomarlo en préstamo de la biblioteca.
Si algo ha demostrado internet en los últimos años es su capacidad para ofrecer cualquier contenido, independientemente de los derechos de autor a los que esté sujeto. La experiencia previa de las industrias de los contenidos audiovisuales (música y cine) con la incursión de lo digital, demuestra la dificultad que entraña poner límites a la piratería si no es ofreciendo alternativas ventajosas para el consumidor. Ante esta situación, las bibliotecas se posicionan como una alternativa de peso ante la piratería digital, ofreciendo contenidos accesibles y de calidad que además reportan un beneficio económico a los editores.
El ensayo de nuevos modelos plantea opciones como la venta de libros electrónicos a través de las plataformas de préstamo de las bibliotecas. Esta idea se configura como una opción de interés para ambos: por un lado, las editoriales disponen de un escaparate para sus libros y las bibliotecas ponen a sus usuarios en contacto con la lectura.
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